Volver

Veo Fantasmas

Fecha
junio 2026
Categoría
Notas
Palabras
467 palabras

Al cerrar los ojos me sentí tan acogido, tan cómodo, que estaba imaginando que sostenía algo. Primero era un lápiz o algún tipo de bolígrafo; más tarde junté mis brazos alrededor de algo suave que descansaba sobre mi pecho. Me acurruqué en la manta y pronto me fui quedando dormido entre pensamientos. Cuando tengo sueño, imagino sonidos. Mamá estaba hablando, inaudible; Carla no dejaba de decir «Sí». Pensé en cuando ella era bebé y en cómo le enseñé a decir «Sí». De pronto, la manta acunaba a un bebé. Ese bebé era mi hijo; yo lo estaba protegiendo, una pequeña bolita sobre mi pecho. Pronto, en la oscuridad de mis ojos cerrados, el ruido sepia del limbo del universo tras los párpados empezó a fluir con inquietud. Las formas comenzaban a formarse y a girar en espiral; las partículas se movían y creaban una figura. Esa figura no dejaba de moverse; podía sentirla. Abrí los ojos. Carla está sentada a mi lado con un jersey morado, mirándome. Cuando la reconozco con sorpresa, desaparece. Esto es la vida real. Cuando vio que la había notado, su expresión suave se convirtió en sorpresa. Entonces se desvaneció lentamente y, al desaparecer, en ese mismo instante, vi a un hombre no muy distinto de cómo se representa a Jesús en el arte. Barba, ojos marrón oliva, nariz arqueada, de unos treinta y cinco años; tenía el pelo largo, como cualquier icono que hayas visto. Su parecido era mayor con la obra que vi de Albrecht Durer. Jesús me miró: su primera aparición. Estaba cuidando de mí, protegiéndome. Él me vio y yo lo vi a él; después ascendió lentamente por encima de mi techo, hasta quedar fuera de mi vista. Al ascender, dejó una mancha de esencia, y su forma se distorsionó como una pincelada de la obra de Picasso inspirada por El Greco. El trazo iba hacia abajo, mostrando que él iba hacia arriba. Ante esto, mi hermana miró con bondad. De algún modo, mostraba cómo Jesús velaba por los dos, incluido el bulto de vida que yo envolvía como en un capullo. Entonces vi a mi propio espíritu mirándome desde arriba, parecido al sueño que tuve de mi alma: la bondad, los ojos como copos de estrella y la sonrisa en el limbo del ruido sepia de mis ojos cerrados. La oscuridad y el ruido formaron este reflejo de mí. Luego recordé a Jolene y su aparición fantasmal llena de alegría, y fue entonces cuando, sobre mí, tres pequeños fantasmitas empezaron a girar y rebolcar. No eran muy distintos del yin-yang, solo que eran tres; como dos estrellas que colisionan, solo que tres. Giraban juguetonamente sobre mí. Esto ocurrió el 5 de junio de 2026 a las 02:15 de la madrugada. Mi primera aparición de fantasmas y de Dios.